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Liberalismo-nazi desde la Casa Blanca

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Redacción Los Necios

La toma de posesión de Donald Trump, acompañada por figuras prominentes como Elon Musk, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg, ha desatado una ola de críticas y alarma global. Este evento simboliza la consolidación de una alianza cínica y peligrosa entre el poder político y la élite capitalista, que busca reforzar su dominio sobre las masas trabajadoras y perpetuar un sistema opresivo.

Particularmente escandaloso fue el gesto de Musk, quien levantó su brazo en un ángulo que recordó el infame saludo nazi, provocando indignación y denunciando, una vez más, la afinidad del liberalismo con las ideologías fascistas.

Musk y el fascismo disfrazado de innovación

El gesto de Musk, interpretado por muchos como un saludo nazi, no es un acto aislado ni fortuito. Es la manifestación de una visión de mundo donde la tecnología y el capital se convierten en herramientas para consolidar el poder de una minoría. Musk y otros multimillonarios como Bezos y Zuckerberg han dejado claro que su objetivo no es otro que profundizar la desigualdad y desmantelar cualquier vestigio de organización popular.

Estos magnates no son innovadores ni benefactores, sino agentes del capital que buscan perpetuar un sistema basado en la explotación. Sus discursos sobre libertad y progreso no son más que cortinas de humo que esconden su verdadero interés: despojar a las masas de su poder colectivo.

Liberalismo y su conexión con el nazismo

El neoliberalismo libertario, abanderado por estos multimillonarios y por gobiernos como el de Trump, no es más que una versión modernizada del fascismo. Bajo la promesa de libertad individual, destruyen la solidaridad colectiva, privatizan los recursos comunes y convierten la vida humana en una mercancía.

Históricamente, el liberalismo en su versión extrema ha allanado el camino para ideologías autoritarias. Durante la Alemania nazi, el capitalismo desregulado facilitó la concentración de riqueza y poder en pocas manos, creando las condiciones ideales para que Hitler asumiera el control con su discurso de odio. Los nazis identificaron al comunismo como su principal enemigo, pues la organización proletaria y la lucha de clases amenazaban su proyecto de dominación jerárquica y racial.

El paralelismo entre el neoliberalismo libertario y el nazismo no es casual. Ambos sistemas comparten una visión jerárquica de la sociedad, donde una élite decide el destino de las mayorías, mientras estas son reducidas a simples engranajes de una máquina explotadora. El saludo de Musk es un recordatorio de que el fascismo nunca desapareció, solo cambió de forma.

Nazis y comunistas, un enfrentamiento histórico

El nazismo surgió como una respuesta violenta y reaccionaria al ascenso del comunismo en Europa. Hitler y su régimen no solo persiguieron a los judíos, sino también a comunistas, sindicalistas y otros luchadores sociales que representaban una amenaza para su proyecto de supremacía racial y dominio capitalista.

En su discurso, los nazis demonizaron al comunismo como una “conspiración judío-bolchevique” que debía ser erradicada. Esta narrativa justificó la destrucción de partidos obreros, la censura de prensa proletaria y la ejecución o encarcelamiento de miles de militantes comunistas. El objetivo era claro: eliminar cualquier posibilidad de organización popular que pudiera desafiar al sistema capitalista y la dictadura nazi.

Se lee: “El marxismo debe morir para que la nación alemana renazca” en un acto del Partido Nazi.

El Guardián de la ‘Libertad’… Para los Magnates y los Trolls

La reciente publicación de Javier Milei no hace más que reforzar la conexión entre el libertarismo extremo y el fascismo, al glorificar a figuras como Elon Musk y Donald Trump como baluartes de una supuesta “libertad”. Al minimizar gestos que han sido interpretados como referencias al nazismo y al demonizar el pensamiento progresista, Milei no solo legitima discursos de odio, sino que también perpetúa una narrativa que sirve a los intereses de las élites capitalistas.

En su discurso, Milei mezcla un lenguaje populista con ataques directos a la izquierda, desdibujando las luchas históricas por la igualdad y la justicia social. Este tipo de retórica busca consolidar un sistema donde las masas trabajadoras sean despojadas de sus derechos, presentando esta opresión como la defensa de “la libertad”.

El texto compartido en redes sociales, titulado “NAZI LAS PELOTAS,” expone su respaldo a Musk al calificarlo como un símbolo de la libertad frente al “wokismo” y demonizar a la izquierda progresista como enemigos de dicha libertad. Con afirmaciones como “Elon no está solo” y el reconocimiento explícito a Trump como un aliado de esta lucha, Milei construye un discurso que conecta con el fascismo libertario disfrazado de defensa de derechos individuales.

Sin embargo, la verdadera libertad no puede existir en un mundo gobernado por el capital y la explotación. Milei y otros defensores del libertarismo fascista son los herederos ideológicos de quienes históricamente han intentado destruir al movimiento comunista, conscientes de que el socialismo organizado es la única amenaza real contra su sistema de dominio.

Comunismo, el camino

Frente a la barbarie del post capitalista y su versión neoliberal/libertaria/fascista, el comunismo no es solo una alternativa: es una necesidad histórica. El sistema capitalista, en todas sus variantes, ha demostrado ser incapaz de garantizar una vida digna para las mayorías. Por el contrario, perpetúa la miseria, la guerra y la destrucción ambiental.

El comunismo, en cambio, ofrece una visión radicalmente distinta: una sociedad sin clases, donde los medios de producción sean propiedad colectiva y las decisiones económicas se tomen en función del bienestar de todos, no de las ganancias de unos pocos. Solo a través de la organización revolucionaria marxista y la expropiación del poder capitalista podremos construir un mundo verdaderamente libre.

La Verdad al Descubierto

La reciente intervención de Musk y otros multimillonarios en la toma de posesión de Trump no es solo un acto simbólico; es la revelación de su verdadera cara, un descarado intento por mantener su dominio sobre las clases trabajadoras. Estos intereses buscan perpetuar un sistema que los beneficia a costa de la opresión de las mayorías. Sin embargo, la historia nos ha enseñado que la verdadera fuerza radica en el pueblo organizado.

Como bien dijo Karl Marx: “Los proletarios no tienen nada que perder, salvo sus cadenas. Tienen un mundo que ganar. ¡Proletarios de todos los países, unidos!”

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