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Mientras tanto…

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Leticia Salomon

Mientras trato de terminar una reflexión sobre el show tragicómico que vive nuestro país en esta coyuntura y observo el fanatismo extremo al que han llegado muchos políticos, periodistas, líderes religiosos, analistas reales o inventados y militantes fanatizados al borde de la locura, me encontré con una reflexión que publiqué hace casi un año. Al revisarla, noto que calza a la perfección en el contexto actual, reconociendo que la realidad no solo supera la imaginación, sino también la racionalidad, la coherencia y la certeza de que vivimos entre personas cuerdas.

Imagino la cara de incredulidad, confusión y asombro de cualquier persona, nacional o extranjera, que intente entender lo que está ocurriendo en nuestro país. Es especialmente impactante observar que líderes destacados del espectro político conservador, cavernario, troglodita, primario, ignorante, provinciano, reaccionario y tradicionalmente golpista —con antecedentes de ser el brazo político de los militares en su fase más gorilesca y conservadora— ¡aparecen hoy, furibundos, atacando y señalando a las Fuerzas Armadas como el enemigo principal de la democracia!

Estos mismos líderes intentan desesperadamente introducir fracturas que permitan el surgimiento de una facción militar, tan demencial como ellos, para que “ponga orden en el país” y los coloque en una posición más holgada y satisfactoria de cara a los comicios generales del próximo mes de noviembre.

Sin embargo, no son los únicos. Ahora resulta que los únicos que han quedado defendiendo el “honor” de la institución son precisamente aquellos que fueron víctimas de su locura golpista. Para colmo, la presidenta del Consejo Nacional Electoral, una furibunda militante conservadora que pretende salir del anonimato para convertirse en una especie de Juana de Arco del subdesarrollo, está dispuesta a enfrentar a las Fuerzas Armadas, machete en mano y disparates en la boca. Así, se erige como la líder de una turba enardecida de políticos —en su mayoría hombres, aunque con una que otra mujer desubicada— preocupada por las lecciones que surgen de los resultados electorales pasados, que no pintan nada bien para ellos de cara a las preferencias del electorado.

Y así seguimos, con igual incredulidad, observando el deterioro ético del sistema partidario, que compite en elecciones primarias con personajes corruptos, narcos, tránsfugas sin pudor, vedetes del subdesarrollo, cómplices de personajes condenados en el extranjero por narcotráfico, ignorantes de la realidad nacional e internacional e imitadores tropicalizados de otros dementes que rondan por ahí. Todos ellos, con la mirada puesta en conquistas sociales que costaron vidas y sangre a quienes lucharon por alcanzarlas.

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